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miércoles, 17 de febrero de 2016

POESÍA Y FILOSOFÍA


La facultad de poesía José Ángel Valente ha abierto sus puertas. Con el alma del poeta paseando por sus ficticios pasillos, el susurro de sus poemas colándose por los huecos de las ventanas –como este viento mediterráneo- y sus aulas quiméricas repletas del entusiasmo del primer día de curso, el acto inaugural bautizó de poemas este proyecto. El espacio elegido para dar cuerpo a la puesta de largo fue el Centro Andaluz de la Fotografía –CAF– y entre los asistentes, Carlos Pérez Siquier, que parecía velar por la perfecta comunión entre los poemas y las imágenes de Antoni Arissa.

Raúl Quinto hizo de maestro de ceremonias con Isabel Giménez Caro limando sus uñas a base de nervios desde la primera fila. Y Chantal Maillard ejerciendo su magisterio –en el sentido etimológico de la palabra: máxima autoridad– ante un aforo entregado y repleto. El fotógrafo Pablo Juliá –director del CAF– la presentó como una niña que no deja de preguntarse por qué. Y ella, por no contradecirlo, correspondió con un gesto infantil escondido detrás de media sonrisa que quería encerrar el misterio de la inocencia. Luego, la poeta leyó algunas de sus creaciones con las eses belgas de su acento resbalando entre los renglones de los poemas.


Alternaba silencios precisos y versos afilados, con los dibujos de David Escalona. Dibujos que dialogan con el espacio donde mueren los pájaros. Dibujos que ponían el acento en la voz pausada de Chantal. Dibujos que plantean tantas preguntas como respuestas. Dibujos de trazos metafóricos, de dedos, de manos, de hilos y de líneas que unen universos alojados en distintos planos.

La poeta sujetaba las palabras con su mano izquierda mientras que con la derecha marcaba el ritmo de su lectura. Un ritmo calmado y reflexivo para una poesía íntima que coqueteaba con las fotografías en blanco y negro de la segunda planta. Poesía con la voz un poco gastada, como esas mismas imágenes, por el tiempo y la experiencia.

A Chantal Maillard le ha sido concedido el Premio Nacional de Poesía y el de la Crítica por dos obras –Matar a Platón (Tusquets, 2004) e Hilos (Tusquets, 2007), respectivamente– en las que la poesía y la filosofía se muestran cada una como el reflejo en el cristal de la otra y se reconocen desnudas, despojadas de seguridad, para entender sus fracasos. Porque seguir escribiendo y seguir preguntándose por qué son el resultado de un fracaso. Pero la filosofía y la poesía también dialogan en la obra de esta autora para darse sentido mutuamente, poniendo el acento una en lo singular –la poesía– y la otra en lo universal –la filosofía–.

 

martes, 15 de diciembre de 2015

FACULTAD DE POESÍA


La semana pasada vivimos con gran dosis de ilusión el nacimiento de un nuevo proyecto literario en nuestra ciudad. Se trata de la Facultad de Poesía José Ángel Valente, coordinada por Isabel Giménez Caro y Raúl Quinto –no imagino dos personas más adecuadas para dar cuerpo a esta idea–. El objetivo de este aula literaria tiene mucho que ver con la promoción de la actividad poética. De hecho, ya están programadas conferencias y seminarios que han de servir de altavoz a la poesía más rigurosa y avanzada, y que la conectarán con nuestra provincia.

El proyecto es ilusionante y esperanzador. Y más aún cuando los medios de comunicación lo presentan como heredero de otras iniciativas que en los últimos años han colocado a nuestra provincia en la geografía cultural de nuestro país. Me refiero a la actividad de la editorial El Gaviero, a la librería Sintagma de El Ejido, a los banderines del Zaguán –y de Curri– o al Aula de Poesía de Unicaja; todos ellos proyectos finalizados o a punto de hacerlo.


Pero hay algo que diferencia a la Facultad de Poesía de todos los demás y es que el primero se enmarca dentro de un proyecto de trabajo en red de las Universidades Andaluzas en materia de extensión universitaria mientras que el resto no dejan de ser iniciativas privadas. Y la diferencia no es insignificante. En la misma semana en la que se presentaba este magnífico propósito, los aspirantes a recibir el juego de llaves de la Moncloa se enzarzaban en un debate televisivo a cuatro. Los políticos hablaron de economía, de sostenibilidad, de corrupción y de otras áreas del ámbito del interés general, pero ni una sola palabra de cultura. Nada sobre cine, pintura o teatro y muchísimo menos sobre literatura.

Cada vez más, la nueva política aspira a que las iniciativas privadas articulen la cultura de nuestro país. Pero es innegable el efecto transformador que la cultura presenta, por lo que restar financiación pública al ámbito de ésta es una manera de eludir responsabilidades políticas.

Que la financiación de un proyecto cultural sea pública o privada no le da valor ni se lo resta. Pero sí que es una demostración de cuáles son las intenciones de nuestra clase política. Si en plena campaña la presencia de la cultura en los debates, en los mítines e incluso en los programas electorales, es mínima, cabe esperar que cuando depositemos nuestro voto en la urna, sea inexistente. En esto se igualan todos. Progresistas y conservadores. Liberales y renovadores. Confiemos en que proyectos como el que en estos días celebramos su nacimiento sean la avanzadilla de otros muchos y que la política conceda a la cultura la importancia que tiene en el conjunto de la sociedad.

martes, 24 de noviembre de 2015

EL GAVIERO


Maqroll el gaviero es el personaje más representativo, singular y notable de la obra del escritor colombiano Álvaro Mutis. Un marinero en constante búsqueda. Quizá por eso, cuando Ana Santos y Pedro J. Miguel deciden crear una editorial en el año 2004, la mirada de los dos jóvenes se cruzó en el horizonte con el oteo del personaje literario.

El Gaviero –que terminaría convirtiéndose en ineludible referencia del mercado del libro– es una editorial bonsái, en palabras de la propia Ana. Un bonsái que tuvo sus ojos. Ojos entusiastas, valientes, bondadosos y creativos. Apasionados y tímidos. Una editorial que heredó de ella el gusto por la poesía y por los libros. Porque en El Gaviero se cuida tanto el contenido como la forma, otorgando a cada creación un carácter único y exclusivo.

El Gaviero nació preñado de ideas. Ideas que fueron generándose en el anterior proyecto de Ana: Salamandria, una revista de este sur, que a ella, como a Valente, inundó de luz. Salamandria tuvo un formato distinto con cada alumbramiento, pero siempre bajo el sello inconfundible de ella. Porque Ana impregnaba de sí todo lo que tocaba.

Fotografía de Pablo Barroso


Ana escondía su alma enérgica detrás de media sonrisa esquiva. Dibujaba con su voz deliciosa proyectos inverosímiles que cobraban forma por su ilusión y tenacidad. Y fue así como nacieron Salamandria y El Gaviero, pero también LILEC o la poesía bífida. El primero de ellos, un fabuloso festival en honor del libro y la lectura que llenaron Almería de escritores, lecturas, creaciones y conversaciones con un formato sin fisuras, cuya desaparición seguimos llorando. Y el segundo, una celebración del día Internacional de la Poesía organizado junto a Isabel Giménez Caro, otra mujer con el alma llena de sueños.

Pero la muerte llegó temprano. Con marzo tocando su fin, en el año 2014, el cáncer segó su vida llena de vida. Porque aún no le tocaba. Porque cuando dejó atrás la cervantina Alcalá de Henares para aterrizar en nuestro mar buscando su gavia, la vida cultural de Almería ganó energía. Ana sembró la poesía y ésta creció en una tierra de esparto y de luz. Con ella la literatura ocupó el espacio que tanto tiempo la estuvo esperando. Pero ella se fue cuando aún no le tocaba.

Ahora nos enteramos –en realidad lo sabíamos, pero preferimos mirar hacia otro lado– que la editorial que Ana y Pedro engendraron, cierra la persiana para siempre –será a mediados de 2016–. Sin ella, el final era sólo la consecuencia inevitable del paso de un tiempo breve. Por suerte, quedarán sus obras. Sus libros, sus proyectos, sus sueños con estructura de verso y sus ilusiones con rima asonante. Por suerte, nos queda su gavia.